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| imagén tomada de la web |
Este escrito es un "Sí" a las Medicinas Ancestrales, no contra ellas, simplemente quiero hacer una advertencia desde mi mi humilde visión y desde el respeto: precisamente porque tienen un valor profundo, no deberían convertirse en un sustituto de la propia conciencia, ni en otra herramienta mas de ocio.
Este escrito no es un ataque a los pueblos originarios y su medicina, ni a quienes practican estas ceremonias, pero dejar claros lo que yo considero límites y las señales de alarma en el abuso o mal uso de ellas.
Cuando la medicina deja de ser medicina
Una reflexión sobre el riesgo de convertir las medicinas ancestrales en una muleta espiritual
Me preocupa que cada vez más en nuestra cultura occidental, escuchar medicina ancestral, porque al sacarla de su contexto e incluirla en el nuestro sin cambiar nada, con nuestro mismo paradigma enfermo, esta Medicina sea mal utilizada. Aclaro que no soy experto en esta materia como Josep Maria Fericgla, que es etnopsicólogo, historiador y psicoterapeuta, además de un reconocido experto en chamanismos y estados expandidos de conciencia
No escribo esto desde el rechazo ni desde la intención de desacreditar estas prácticas. Al contrario: precisamente porque algunas de estas medicinas pueden constituir herramientas poderosas dentro de determinados contextos tradicionales y ceremoniales, creo que merecen ser tratadas con respeto, conocimiento y responsabilidad.
Mi preocupación aparece cuando aquello que originalmente podía utilizarse como una herramienta para abrir una puerta de la Conciencia comienza a convertirse en algo que necesitamos tomar una y otra vez para poder atravesarla...
Y aquí aparece una pregunta incómoda para nosotr@s:
¿En qué momento una medicina deja de ser una herramienta de transformación y cambio, y comienza a convertirse en una muleta de la cual tengo necesidad?
La medicina puede mostrarte una puerta 🚪. Pero no puede caminar por ti.
Una experiencia con una sustancia psicoactiva puede ser intensa, reveladora e incluso profundamente transformadora.
Puede mostrarnos aspectos de nosotros mismos que habitualmente permanecen ocultos.
Puede modificar temporalmente nuestra percepción, permitirnos contemplar una situación desde otra perspectiva, despertar emociones, recuerdos o intuiciones y generar una sensación profunda de conexión.
Pero hay una diferencia fundamental entre ver algo y haberlo integrado.
Podemos tener una experiencia extraordinaria y seguir viviendo exactamente igual después.
Podemos comprender intelectualmente algo durante una ceremonia y continuar reproduciendo el mismo patrón al día siguiente.
Podemos sentir una profunda conexión con la vida durante unas horas y volver después a la misma desconexión que teníamos antes.
Quizás hay distinguir:
experiencia ≠ integración
y
apertura de conciencia ≠ desarrollo de conciencia.
La primera puede ocurrir en unas horas.
La segunda requiere tiempo, presencia, responsabilidad y práctica.
El riesgo ☢️ comienza cuando necesitamos volver a "abrir la puerta"
Imaginemos una persona que participa en una ceremonia y tiene una experiencia profundamente significativa.
La medicina le muestra algo (a mi me paso con la Ayahuasca hace 10 años).
La persona reflexiona sobre ello, modifica algún aspecto de su vida, aprende a relacionarse de otra manera consigo misma y con los demás.
La experiencia se convierte entonces en materia prima para la transformación.
Pero imaginemos ahora otro escenario.
La persona vuelve a tomar la medicina para sentirse conectada.
Después vuelve a hacerlo para sentirse espiritual.
Después para poder relacionarse.
Después para afrontar una reunión.
Después para hablar delante de otras personas.
Después para comenzar cualquier acto social.
Poco a poco puede aparecer una asociación inconsciente:
"Sin la medicina no estoy igual de abierto."
"Sin la medicina no puedo conectar."
"Sin la medicina no puedo acceder a mi sabiduría."
"Sin la medicina no me siento elevado."
"Sin la medicina no soy quien realmente soy."
Aquí deberíamos detenernos.
Porque quizá la medicina que inicialmente ayudó a descubrir una capacidad interna está empezando a convertirse en una necesidad y dependencia, hay escusas para acceder a ella.
Y entonces la herramienta puede transformarse en dependencia psicológica, aunque la persona no se considere así.
Cuando la experiencia empieza a convertirse en identidad 😎
Existe otro riesgo todavía más sutil, no es únicamente depender de la sustancia, también podemos empezar a depender de la identidad que construimos alrededor de ella: "Hombre medicina." "Chamán." "Guía." "Sanador." "Canal." "Maestro." "Persona despierta." "Ser de Luz". (A mi en Venezuela en los 90 me decían Chamán)
Una experiencia espiritual puede ser auténtica y, al mismo tiempo, alimentar el ego. Esto no significa necesariamente que alguien esté engañando deliberadamente a los demás. Puede suceder de manera completamente inconsciente.
Si una persona recibe constantemente admiración, respeto y reconocimiento por su supuesto acceso a determinados estados de conciencia, resulta muy fácil que ese personaje termine formando parte de su identidad.
Y cuanto más reconocimiento recibe, más difícil puede resultar abandonar ese lugar.
Aquí aparece una pregunta que todos deberíamos hacernos, especialmente quienes admiramos o seguimos a personas que trabajan con estas prácticas:
¿Esta persona me está ayudando a encontrar mi propia autoridad interior o me está enseñando a depender de la suya? (esto también aplica a psicólogos, maestros, terapeutas en general)
Una señal de madurez espiritual 🙏
Quizá una de las mejores preguntas que podemos hacer después de una experiencia con una medicina sea:
¿Qué puedo hacer ahora (sin medicina) con aquello que la medicina me mostró?
Porque si una experiencia realmente nos ayuda a crecer, debería aumentar progresivamente nuestra capacidad de estar presentes en la vida cotidiana, ser mas conscientes en general.
Deberíamos poder:
sentir sin necesitar escapar;
observar sin necesitar interpretar todo;
afrontar conflictos sin necesitar entrar en otro estado de conciencia;
relacionarnos sin necesitar una ceremonia;
tolerar la incertidumbre;
aceptar nuestras limitaciones;
reconocer nuestros errores;
permanecer en silencio;
estar conectados con la vida ordinaria.
La verdadera integración quizá no consista en necesitar experiencias cada vez más profundas.
Quizá consista en necesitar cada vez menos condiciones especiales para estar plenamente presentes.
No todo lo que se llama "medicina" es inocuo ⚠️
También es importante recuperar algo que a veces se pierde en el lenguaje espiritual.
Que una determinada tradición denomine "medicina" a una sustancia no significa que esta sea farmacológicamente inocua, inofensiva.
Yagé o ayahuasca, tabaco, coca, kambô, psilocibina y otras sustancias utilizadas en diferentes contextos tradicionales tienen composiciones, mecanismos de acción, riesgos y perfiles fisiológicos diferentes.
No deberían meterse todas en el mismo saco.
Tampoco deberíamos confundir el respeto por una tradición indígena con la idealización de cualquier persona que se presente como representante de esa tradición.
Ancestral no significa seguro. Natural no significa inocuo
Y tampoco: "Si me lo administra un hombre medicina" entonces "estoy seguro".
La experiencia espiritual de una persona no sustituye sus conocimientos médicos, farmacológicos o psicológicos.
🧐 Cinco preguntas antes de entregar nuestra conciencia a alguien
Si estamos pensando en participar en una ceremonia, quizá sería prudente hacernos algunas preguntas.
1. ¿Puedo decir que no?
Una persona responsable debería poder aceptar que alguien decida no tomar una sustancia, detener una experiencia o abandonar un proceso.
Si existe presión, manipulación, ridiculización o culpabilización por negarse, estamos ante una señal de alarma, posible peligro.
2. ¿Me explican claramente qué voy a tomar?
No debería existir una obligación de aceptar algo simplemente porque alguien lo llame "medicina".
Deberíamos conocer qué sustancia es, qué efectos puede producir, qué contraindicaciones existen y qué riesgos puede tener.
3. ¿Me están enseñando a depender de mí o de ellos?
Un buen acompañamiento debería favorecer progresivamente nuestra autonomía.
Si cada problema requiere otra ceremonia, otra sesión, otra dosis o la intervención permanente del guía, conviene preguntarse qué tipo de relación estamos construyendo.
4. ¿Existe espacio para estar sobrio?
Esta pregunta puede parecer sencilla, pero es fundamental.
¿Puedo estar con estas personas, relacionarme, conversar, bailar, trabajar, meditar o compartir sin necesidad de consumir nada especial?
Si la respuesta empieza a ser "no", quizá haya algo que revisar.
5. ¿Mi vida está cambiando realmente?
No midamos el crecimiento por la intensidad de las experiencias.
Midámoslo por hechos en nuestra vida: ¿Soy más responsable? ¿Más humilde? ¿Más capaz de escuchar?¿Tengo mejores relaciones? ¿Tolero mejor el dolor? ¿Me conozco mejor? ¿Soy menos reactivo? ¿Tengo mayor capacidad para tomar decisiones? ¿Soy más libre?
Porque si las ceremonias aumentan pero nuestra vida no cambia, quizá estamos acumulando experiencias en lugar de transformarnos.
🌉 La medicina como puente, no como hogar
Quizá esta sea la metáfora que mejor resume todo esto.
Una medicina puede ser un puente.
Puede ayudarnos a cruzar un río que no sabíamos atravesar.
Pero nadie construye un puente para quedarse a vivir encima de él.
Lo cruzamos y continuamos caminando.
Si necesitamos regresar constantemente al puente para sentir que estamos avanzando, quizá hemos confundido el medio con el destino.
La finalidad de una práctica espiritual no debería ser permanecer permanentemente en un estado extraordinario.
La finalidad debería ser poder vivir de una manera extraordinariamente consciente en un estado completamente ordinario.
Tomar una medicina puede abrir una puerta.
Pero después hay que caminar.
Y ese caminar no lo puede hacer ninguna planta, ningún chamán, ningún maestro ni ninguna ceremonia por nosotros.
Lo hacemos nosotros.
Sobrios.
Presentes.
Responsables.
Y, sobre todo, cada vez más libres.
😇 Una última pregunta...
Quizá la pregunta más importante no sea:
"¿Cuánto has visto?"
ni:
"¿Cuántas ceremonias has hecho?"
ni siquiera:
"¿Qué medicina utilizas?"
Quizá sea:
"¿Quién eres cuando no estás tomando ninguna medicina?"
Porque allí, precisamente allí, empieza a comprobarse cuánto de aquello que vimos durante la ceremonia se ha convertido realmente en conciencia.
Creo que este texto tiene una virtud importante: no necesita negar la medicina para cuestionar su uso indiscriminado. Y eso lo hace mucho más difícil de atacar desde posiciones polarizadas.
Además, yo añadiría una distinción si algún día lo conviertes en charla: no es lo mismo frecuencia ceremonial dentro de una tradición indígena concreta que el consumo repetido en contextos urbanos/occidentales de personas que han convertido lo ceremonial en una especie de estilo de vida espiritual. Son fenómenos que pueden parecerse desde fuera, pero cultural y antropológicamente son bastante diferentes.
Y ahí hay un tema todavía más potente que podríamos desarrollar: cómo distinguir a un verdadero guía espiritual de una persona que ha construido un personaje espiritual. Esa frontera es extraordinariamente sutil.
Agradecimientos: A los Chamanes que con su gran humildad bajaron de la Montaña y la Selva, para montarse en un avión hacia Europa para darnos su Medicina y Bendiciones. Al maestro César, heredero de un linaje ancestral, por tomarse el tiempo de contemplar este escrito y dar su bendición.
